Este blog toma las ideas centrales de libro La ciencia, su método y su filosofía y las conecta con el entrenamiento y la ciencia del ejercicio. No sustituye la lectura del original, que recomendamos si quieres profundizar.
Seguramente conoces a alguien que perdió ocho kilos ayunando veinte horas al día y ahora jura que "resetear el metabolismo" es la clave de la salud o a alguien que pagó miles de pesos por un test genético que le dijo cuál es "la dieta ideal según su ADN". O quizá al que trae puesta una pulsera magnética porque le juraron que le "alinea la energía" y mejora su rendimiento. Tarde o temprano, los tres te van a citar "un estudio" que nunca vas a ver.
Mario Bunge nunca hizo una sentadilla pesada en su vida (hasta donde yo sé, y tampoco es que lo haya visto personalmente). Pero sí se pasó buena parte de sus cien años haciendo exactamente lo que necesitas para desenmascarar a esos tres personajes: definir, con precisión casi quirúrgica, qué separa a la ciencia real de todo lo que nada más se le parece.
En 1960 publicó La ciencia, su método y su filosofía, un libro que sigue siendo una de las defensas más claras del pensamiento racional frente al dogma, la moda y el "a mí me funcionó". Bunge escribía pensando en física, biología y sociología. Nunca imaginó que sus criterios terminarían siendo útiles para leer un feed de Instagram lleno de biohacks y rutinas milagro, pero aquí estamos.
hablaremos de cinco ideas centrales de su filosofía de la ciencia relacionadas con el entrenamiento.
Para ubicarnos: Bunge dividía el conocimiento en dos grandes familias. Las ciencias formales, como la lógica y las matemáticas, se validan por demostración, sin necesidad de tocar la realidad: un teorema es cierto si se deriva bien de los axiomas, y ya. Las ciencias fácticas, en cambio, estudian hechos reales y se validan contrastando con la experiencia: no basta con que una idea suene coherente, tiene que sobrevivir al contacto con los datos. La fisiología del ejercicio, obviamente, cae del lado fáctico. Y eso importa, porque significa que ninguna teoría de entrenamiento se gana el título de "verdadera" solo por sonar lógica o convincente. Tiene que demostrarlo con evidencia.
Racionalidad: Por qué el "a mí me Funcionó" no es una Prueba
Para Bunge, ser racional no significa "pensar mucho" ni "usar la lógica" en abstracto. Significa aceptar una afirmación por razones que cualquier otra persona pueda examinar, no por autoridad, tradición o experiencia personal aislada. Y el mundo del fitness funciona prácticamente al revés: ahí manda la anécdota.
Volvamos al del ayuno intermitente. Tu compañero de trabajo bajó de peso rápido comiendo en una ventana de cuatro horas y ahora predica que "resetear el metabolismo" es lo que determina la salud. La versión racional de esa misma observación no descarta la anécdota. La convierte en algo que se pueda poner a prueba: ¿mejora el ayuno intermitente la composición corporal más allá del simple déficit calórico? Para saberlo hay que comparar dos grupos con las mismas calorías y la misma proteína, uno comiendo en cuatro horas y otro en doce. Si la ventana horaria no tiene ningún efecto mágico adicional, ambos grupos deberían salir prácticamente iguales. Y eso es justo lo que muestran los estudios que controlan calorías y proteína: la ventaja del ayuno intermitente se reduce a casi nada. Tu compañero no reseteó nada. Comió menos horas y, sin proponérselo, comió menos calorías.
Esa es la diferencia entre racionalidad e irracionalismo que tanto le importaba a Bunge: no es que la experiencia personal esté prohibida, es que necesita convertirse en una hipótesis examinable antes de convertirse en una regla para los demás.
Falibilidad: Las mejores guías son las que cambian de Opinión
Una de las ideas más contraintuitivas de Bunge también es una de las más poderosas: la ciencia se fortalece precisamente porque admite que puede estar equivocada. Lejos de ser una debilidad, la falibilidad es lo que distingue a la ciencia del dogma. Un dogma se protege de la crítica; una ciencia se corrige con ella.
En la fisiología del ejercicio hay un ejemplo clásico: durante décadas el lactato fue el villano oficial de cualquier explicación sobre la fatiga muscular. Se enseñaba, casi como verdad revelada, que el "ácido láctico" se acumulaba en el músculo, causaba el ardor o las molestias y era, básicamente, un desecho tóxico que había que "eliminar" con vueltas a la pista o masajes post-entrenamiento (de hecho, ni siquiera se molestaban en distinguir entre lactato y ácido láctico, como si fueran la misma molécula). Esa explicación llegó incluso a los libros de texto y a las clases de universidad 1.
El fisiólogo George Brooks pasó buena parte de su carrera, desde finales de los años setenta, desmontando esa idea con evidencia directa. Demostró que el lactato no es un desecho metabólico, sino un combustible que el cuerpo produce y reutiliza activamente, trasladándolo entre fibras musculares, hacia el corazón e incluso hacia el cerebro. Es la hipótesis del "lactate shuttle" 2 y hoy es el modelo aceptado en fisiología del ejercicio: el lactato no te fatiga, te ayuda a seguir produciendo energía 3.
Eso no significa que los fisiólogos de mediados del siglo pasado fueran unos incompetentes. Significa justo lo que Bunge esperaría de un cuerpo de conocimiento serio: llegaron mejores métodos de medición, llegó mejor evidencia, y el modelo se corrigió, aunque llevara décadas instalado como verdad indiscutible.
La ciencia se corrige con evidencia. El dogma sobrevive con inercia, incluso cuando la evidencia ya lo desmintió.
Objetividad: Medir en vez de solo sentir
La objetividad, para Bunge, no significa que el investigador se vuelva una especie de robot sin opiniones ni sentimientos. Significa que sus afirmaciones puedan evaluarse más allá de su vivencia individual, con métodos que otra persona pueda repetir y obtener resultados parecidos.
Piensa en la antropometría: dos evaluadores certificados que midan el mismo pliegue cutáneo en el mismo individuo, siguiendo el mismo protocolo, deberían obtener valores muy cercanos entre sí, dentro de un margen de error conocido y documentado. Eso es objetividad intersubjetiva en estado puro: el dato no depende de quién lo tomó, sino del protocolo que se siguió. Compáralo con "se ve más definido", una afirmación que cambia según la luz del gimnasio, el filtro de la foto y el humor de quien opina.
Lo mismo pasa con la velocidad de la barra medida con un encoder lineal frente a "hoy la sentí pesada". La percepción del esfuerzo tiene su lugar, es información real y útil, pero no reemplaza a una medición que otra persona, en otro gimnasio, con el mismo instrumento, pueda replicar y contrastar contra la tuya.
Demarcación: Cómo distinguir ciencia de cuento con bata de laboratorio
Aquí es donde Bunge se pone más filoso. Para él, una disciplina no es científica solo porque use números, gráficas o palabras que suenan técnicas, necesita cumplir con el método, no solo con la estética de la ciencia. Y describe con bastante precisión cómo se comporta típicamente una pseudociencia: usa afirmaciones vagas, evita las pruebas rigurosas, selecciona solo los datos que le convienen, apela a testimonios y rechaza la crítica externa en lugar de responder a ella.
No es lo mismo perder diez minutos leyendo tu horóscopo que comprarte un suplemento sin regulación en un grupo de Facebook, o meterte diuréticos sin supervisión médica para "marcar" antes de una competencia. Ese tipo de decisiones, vendidas con el mismo lenguaje pseudocientífico, no solo te vacían la cartera: pueden mandarte al hospital.
Para profundizar, si el tema te interesa vale la pena revisar también Pseudociencia e Ideología de Bunge, dedicado por completo al problema de la demarcación, y Epistemología, donde retoma estos criterios con más detalle y los aplica a casos concretos fuera del entrenamiento.
Aplicado a la industria del fitness, la lista funciona como un radar bastante confiable:
- El té "detox" que promete eliminar toxinas sin decir jamás cuáles, con qué mecanismo ni cómo se midieron. Lenguaje vago por diseño.
- La faja reductora que promete "reducir la cintura permanentemente" apoyada casi siempre en fotos de antes y después tomadas con distinta luz, distinta postura y sin ninguna medición controlada de por medio.
- El test genético que promete "tu dieta ideal según tu ADN", cuando la investigación seria muestra que las variantes genéticas estudiadas explican una fracción muy pequeña de la respuesta individual al entrenamiento o a la dieta.
- El cinturón de electroestimulación que promete abdomen marcado "sin dieta", que sobrevive casi exclusivamente de testimonios y nunca de una comparación controlada frente a quienes no lo usan.
Puedes usar la misma lista de Bunge como una especie de checklist rápido: ¿el mecanismo se explica con claridad o se queda en palabras bonitas? ¿existe algún intento serio de ponerlo a prueba, o solo testimonios? ¿qué pasa cuando alguien lo cuestiona, se responde con datos o se le acusa de "no entender"?
Emergentismo: Tu Cuerpo no se reduce a un examen de laboratorio
El último punto es quizás el más filosófico, pero también el más práctico. Bunge defendía una postura llamada emergentismo, también conocida como materialismo sistémico: la realidad no es una escalera donde todo se explica bajando al escalón de abajo, sino niveles organizados, de lo físico a lo químico, de lo químico a lo biológico, y de ahí a lo social y lo mental. En cada nivel, al organizarse, surgen propiedades nuevas que no existían en las piezas sueltas de abajo. Una neurona no piensa; miles de millones de neuronas conectadas, sí. Un jugador no hace un equipo; once jugadores coordinados, sí.
Por eso Bunge rechazaba dos extremos igual de tentadores. Por un lado, el reduccionismo que insiste en explicarlo todo desde la física más básica, como si los nervios antes de una final pudieran resumirse en electrones. Por otro, el dualismo que trata a la mente como si flotara separada del cuerpo, sin ningún soporte material. Para él, la mente sí es un proceso biológico generado por un cerebro real, pero eso no significa que se reduzca a "solo" química: es una propiedad que emerge cuando el sistema nervioso alcanza cierto nivel de complejidad. Ningún nivel se explica del todo reduciéndolo al nivel de abajo, ni flotando por encima de él.
Ya hablamos en otro blog sobre por qué el rendimiento deportivo funciona mejor entendido como un proceso probabilístico e integrativo que como una simple ecuación de causa y efecto. El emergentismo de Bunge es, en el fondo, el mismo argumento visto desde la filosofía: dos atletas con la misma fisiología, misma experiencia o nivel y el mismo programa de entrenamiento pueden rendir de formas completamente distintas, porque el rendimiento no vive únicamente en el nivel fisiológico. Vive también en la motivación, el sueño, el estrés de la vida diaria, la relación con el entrenador, la presión de la competencia. Ninguno de esos factores aparece con precisión en una prueba de laboratoio, y aun así determinan buena parte de lo que ocurre en la cancha.
Reducir a un deportista a "su testosterona" o a "su VO2max" es cómodo porque es medible y ordenado. Pero es exactamente el tipo de reduccionismo que Bunge advertía que hay que evitar: útil como herramienta de análisis, insuficiente como explicación completa.
El punto no es ser escéptico de todo. Es ser riguroso con algo.
Bunge probablemente se habría llevado las manos a la cabeza viendo la mitad del contenido fitness que circula hoy. Pero no porque fuera un aguafiestas profesional, sino porque genuinamente creía que sí existe una manera de acercarse mejor a la verdad, y que consiste en esto: formular hipótesis claras, medir con métodos que otros puedan repetir, aceptar que te puedes equivocar y corregir cuando aparece mejor evidencia. Eso, dicho en otras palabras, es literalmente lo que el entrenamiento basado en evidencia intenta hacer todos los días (o debería).
Cuando elijo qué porcentajes de carga o qué volumen prescribir en un programa de fuerza, no los elijo porque "me parezcan razonables" o porque los vi en un reel. Los verifico contra la evidencia disponible y contra la respuesta real del deportista, aunque eso implique más trabajo que copiar la tabla más popular. No es por gusto de complicarme la vida: es la diferencia entre diseñar un programa de entrenamiento y armar una rutina que solo parece tener fundamento.
Bunge lo resumió mejor que nadie en una sola frase, ya desde la introducción de su libro:
"La ciencia es el conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y falible." — Mario Bunge
Aplícalo a tu próximo programa de entrenamiento o a tu próximo suplemento antes de comprarlo. La pregunta nunca debería ser si suena convincente. La pregunta es si podría estar equivocado. Y si otra persona, viendo la misma evidencia que tú, llegaría a la misma conclusión. Esa pregunta incómoda es, al final, todo lo que separa a la ciencia de una buena historia.
Referencias
Footnotes
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Ferguson BS, Rogatzki MJ, Goodwin ML, Kane DA, Rightmire Z, Gladden LB. Lactate metabolism: historical context, prior misinterpretations, and current understanding. Eur J Appl Physiol. 2018;118(4):691-728. doi:10.1007/s00421-017-3795-6
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Brooks GA. The Science and Translation of Lactate Shuttle Theory. Cell Metab. 2018;27(4):757-785. doi:10.1016/j.cmet.2018.03.008
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Brooks GA. Lactate as a fulcrum of metabolism. Redox Biol. 2020;35:101454. doi:10.1016/j.redox.2020.101454